Si existe una tipología cósmica extraordinaria, ésa
es la uraniana, sin duda alguna. Además es el temperamento clave
en los oscuros tiempos que vivimos.
Las enormes particularidades de los uranianos dentro
del conjunto de los temperamentos cósmicos parece estar directamente
relacionado con las excepcionales cualidades que Urano posee dentro
del conjunto de planetas del sistema solar: sus polos apuntan la mitad
del tiempo hacia el Sol, su historia evolutiva es muy diferente del
resto... etc.
Como vemos, lo extraño de Urano comienza con las características
particulares de su comportamiento como planeta, y culmina con la suma
originalidad de sus hijos.
Los uranianos sienten desde muy niños que la Vida
tiene una dimensión densa y otra sutil, y que la mayoría de la gente
ignora esto último. Se sienten, entonces, incomprendidos desde muy
temprano.
Paralelamente (y aquí comienza lo extraordinario),
los uranianos tienen unos estados de felicidad interior que quedan
firmemente registrados en algún lugar de su psiquis, estados que dirigen,
a partir de allí, todas sus acciones, aunque no se den cuenta de eso.
Una de las consecuencias de esas vivencias es que
poseen la convicción absoluta de que la felicidad es algo interior
y, por lo tanto, prestan poca atención a lo exterior, llegando a descuidar
aspectos de su propia supervivencia.
Muy pronto también se sienten disconformes con las
posibilidades de felicidad que pueden obtener por los medios usuales,
y se tornan anticonvencionales y revolucionarios crónicos.
La Astrología captó notablemente bien este carácter,
aunque no profundizó en el porqué de la continua rebelión de los Uranianos,
que antes prefiere ser autodidacta que ser enseñado, y que siempre
cree en sus propias leyes, antes que en las consensuadas socialmente.
Los uranianos son buscadores eternos de los estados
de felicidad extáticos vividos en algún momento de sus vidas y que
les marca para siempre. No se contentarán con agua cuando han bebido
de un elixir. Esto hace que sean peregrinos de los caminos espirituales
y de los otros. Son víctimas permanentes de los falsos maestros y
de los caminos equivocados. Es así también como suelen terminar recurriendo
a las drogas; en las estadísticas sobre adicción, Urano resultó descollante
en más del 80 % de los casos.
La confianza íntima que se tienen, la gran energía
con la que son bendecidos desde la cuna, y el oscuro sentimiento de
que han nacido para realizar algo muy específico, pero que no saben
qué es, forma un cóctel explosivo con final abierto, salvo que encuentre
ese motivo oculto que “ocasionó su renacimiento”. Con gran facilidad,
un uraniano de grandes potencialidades puede terminar de la peor manera.
La sensación de que el resto de la humanidad es -
por lo menos - estúpida, puede llevar al uraniano a aislarse en un
castillo de marfil, o formar clanes esotéricos cerrados: su nato instinto
aristocrático-tribal es de terror, ya que puede culminar en desatinos
de todo tipo.
Amante incondicional y furioso de la Naturaleza, es
el habitante principal de los movimientos ecologistas, naturistas,
new age y, a la vez, fanático de la informática y de toda novedad
científico-filosófica... lo que hace que permanentemente cuestione
todo: es el investigador de lo nuevo por excelencia; por ejemplo,
es más que probable que la enorme mayoría de las personas que lean
estas líneas sean uranianas.
El uraniano es un temperamento demasiado interesante
e inextricable para ser definido en unas pocas páginas. Sin
embargo, su carácter es tan fuerte, y descolla tan nítidamente sobre
el gris que lo rodea, que todos podemos reconocer a un uraniano
sólo con haber leído lo anterior con atención....y
sobre todo si nosotros mismos somos uno de ellos.