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Nestor, tu pregunta está totalmente "de moda" estos días en mi vida... se habla mucho sobre ese tema últimamente por aquí, así que te podré responder "en caliente".
Hasta donde he podido ver, la observación de uno mismo - que no está separada de la observación de TODO lo que rodea a uno - produce destellos de percepción y comprensiones profundas.
A medida que uno sigue con esa observación, ese "estar atento sin esfuerzo", el cuerpo se sensibiliza, los sentidos se agudizan, la mente se vuelve clara, y las emociones se pacifican.
Finalmente, uno puede notar dos estados dentro de uno: el viejo y el nuevo. Siendo el viejo la forma de actuar casi instintiva, emocional, mecánica, que vemos en todas las personas que no están atentas (el 99.999% de la humanidad)
El nuevo estado es diferente... tiene una pausa, una profundidad, una fluidez, una reflexión que hace que uno no caiga en los automatismos de la memoria o los instintos.
Ese nuevo estado tarda en establecerse... mientras tanto, mientras uno está en la zona gris entre las respuestas automáticas viejas, y las nuevas respuestas creativas, existe la posibilidad de realizar acciones desde una u otra dimensión.
Así pues, lo importante es estar en el nuevo estado... desde allí, cualquier cosa que se haga será correcta. Y viceversa: estando en el estado de respuesta condicionada, automática, CUALQUIER acción será equivocada en el sentido de que acarreará sufrimiento más tarde o más temprano.
Las acciones surgidas del estado meditativo-creativo-libre traen felicidad inevitablemente.
Así que lo importante es ir expandiendo en nuestras vidas esos instantes, esos destellos de la nueva mente. Ese es el trabajo cotidiano. Y si uno cae en errores, mientras tanto, uno debe aprender de ellos, ver cómo el actuar desde los viejos condicionamientos culturales o biológicos sólo nos trae la dualidad placer-sufrimiento, alejándonos de la felicidad que no tiene polo opuesto.
Abrazos
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