Nuestra Madre Verde

Desangr�ndonos
No nos enga�emos: estamos perdiendo la batalla.

Y la estamos perdiendo aqu�, en la furiosa y desconfiada Buenos Aires, y all�, en las pac�ficas e inocentes extensiones del Amazonas.

Aqu�, cada vez m�s j�venes, j�venes cada vez m�s j�venes, m�s ni�os conocen m�s drogas, cada vez m�s duras, drogas j�venes cada vez m�s destructoras. Ni�os cada vez m�s violentos, criminales violando en criminales a las mentes j�venes, convirtiendo en duras mentes criminales a las inocentes extensiones de las mentes de los ni�os. Ni�os violentando sus propias mentes con pasi�n de inocentes.

Y all� el fuego. El fuego quemando �rboles de 100 a�os en horas. Convirtiendo en cenizas las casas que los b�hos y las orqu�deas habitaron durante 100.000 a�os en un d�a, volviendo de color ceniza el verde del arco iris, convirtiendo en polvito insignificante las verdaderas catedrales sagradas, transmutando en abono para mandioca el suelo formado en xx.000.000 de a�os, profanando el verdadero templo de la Tierra, hundiendo las manos en la verdadera virgen, en la verdadera inocente, en la madre de las nubes del viento de la lluvia. Hundiendo las manos como hachas, como fuego inquisidor, como bulldozers infinitos en los senos puros de las madres monas, de las madres yaguaret�s, de las madres aguar� guaz�. Aplastando entre risas las cabezas misteriosas de las boas, las caparazones �nicas de las tortugas, aplastando sin descanso la inocente armadura de los escarabajos. Gritando gasoil en los o�dos de los indescriptibles p�jaros. Respirando alcohol y pasta base en medio del para�so.

Estamos perdiendo la batalla.
Y c�mo.

Nuestra Madre Verde de coraz�n de plumas de p�jaro
Nuestra Madre Verde de coraz�n de latidos de lluvia

NUESTRA MADRE VERDE AGONIZA
EN NUESTRAS MANOS A CAUSA DE NUESTRAS MANOS

Escrito en una noche de furia de 1997

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